HAY QUE DEFENDER LA HISTORIA!!!!

Me he quedado absolutamente pasmada al contemplar con horror como se ha tergivesado el contenido de la historia de mi amado país, pero sobre todo de mi ciudad natal Guayaquil, a pesar de todo nunca se me llego a ocurrir que el propio alcalde Nebot se prestase para estas vegaciones a la historia patria.

Hago un llamado a todos los PADRES de nuestra ciudad a prestar mucha atencion a lo que leen sus hijos, no se puede EDUCAR a los niños con una version tan falsa de nuestra historia.
Ojalá estemos (por que somos muchos ya, demasiados diria yo) equivocados.
Lean este link: http://www.ecuadorinmediato.com/noticias/especial/102629

Aquí encontrarán un texto super largo en el que un historiador quiteño denuncia la publicación del libro "Historia de Guayaquil" porque es ofensivo hacia la ciudad de Quito. Más allá de eso y muchisimo más importante son las cosas que ese libro cuenta como ciertas y verdaderas atropellando la historia.
Leanlo todo. pero dice cosas como que Abdón Calderón llevaba la bandera guayaquileña en las faldas del pichincha. Que Bolívar odiaba a Guayaquil. Que Guayaquil poco y mas ha sido el libertador de todo America! ( si es que solo les falta ponerse el titulo de "libertadores de America y ejemplo mundial de liberacion"... que, ademas, ya no me pareceria raro).


TEXTUAL: Que en guayaquil hubo una “larga y negra noche” de la década 1982-1992, llegó Abdalá Bucaram a quien se le recordará “por varias generaciones como el verdugo de Guayaquil” (p. 104). Sin embargo, como “la oscuridad no podía durar para siempre” (p. 112), en 1992 llegó, finalmente, León Febres Cordero; después, el sucesor, Jaime Nebot Saadi. Desde entonces, la historia de Guayaquil cambió para siempre.

pero mas importante que ello:

SE CAMBIA LA HISTORIA DEL 15 de NOVIEMBRE!
(para quien no sepa la masacre de trabajadores)

Según la “historia” que comentamos, esa “primera gran huelga general de los trabajadores” (p. 77) fue obra de que, junto al descontento, aparecieran las influencias de la “novelería izquierdista proveniente de la Unión Soviética”. Por entonces había aparecido la “Confederación Obrera del Guayas” y la “situación fue aprovechada por los politiqueros para intentar poner fin al gobierno constitucional del Dr. Tamayo y de esa manera alcanzar el poder” (p.77); la situación hizo crisis, “parecía que todo Guayaquil no se componía más que de masas proletarias” (p. 78), pero “lamentablemente, mezclados entre los trabajadores hizo también su aparición un gran número de delincuentes y anarquistas criollos que, enceguecidos por las noticias de la revolución rusa, intentaron desarmar a las fuerzas policiales, apostadas por obvia precaución en diversos lugares de la ciudad” (p. 78); vinieron “las incitaciones para asaltar los almacenes” y se inició “un desenfrenado saqueo” que obligó a la policía a disparar, primero al aire y “luego al cuerpo de los asaltantes” (p. 78). Así es que ese 15 de noviembre, “el ejército y la policía reprimieron violentamente las acciones vandálicas y de saqueo que se ocultaban tras la manifestación popular” (p. 78). En el libro se recuerda que el guayaquileño Joaquín Gallegos Lara escribió su novela “Las Cruces Sobre el Agua”, pero que “en definitiva no es nada más que eso, una novela de denuncia social y política que no refleja totalmente la realidad histórica de ese día” (p. 78). Si ni Gallegos Lara convence, allí están las obras de Elías Muñoz, un historiador guayaquileño del movimiento obrero ecuatoriano, que trató documentadamente sobre la matanza obrera del 15 de noviembre. Y están las obras, testimonios y documentos de una serie de investigadores. Pero se ha preferido la versión “oficial” que a su tiempo dio el propio gobierno oligárquico de José Luis Tamayo.


LA REVOLUCIÓN JULIANA!!!


Otra referencia tangencial es la que se hace sobre la Revolución Juliana de 1925. Ella, se escribe, también fue fruto de dos causas: una, la confabulación de militares y políticos que, con el pretexto de combatir al gobierno de Gonzalo S. Córdova tenía, en realidad, “el oscuro propósito de acabar con la hegemonía política y económica de Guayaquil” (ps. 78-79); y otra, el “resentimiento” de Luis Napoleón Dillon con la banca guayaquileña y especialmente con Francisco Urbina Jado, debido a que se le impidió el negocio de sus propios billetes hipotecarios (p. 79). Así es que el “golpe artero” juliano (p. 79) “tuvo como objetivo principal destruir a la banca guayaquileña”.

Hay que imaginar que esta es una interpretación que dejará boquiabiertos a todos los investigadores nacionales que han escrito sobre el tema, a todos los extranjeros que se ocuparon de la Misión Kemmerer en el Ecuador y a cualquier persona de buen juicio. Porque la Revolución Juliana fue una importante transformación en el devenir histórico del país. Gracias a ella se liberó al Estado de la influencia y dependencia que mantuvo frente a las oligarquías regionales, se puso en orden las finanzas y con sentido nacional, se cortaron los abusos de la poderosa banca de la época y se incorporó la misión social del Estado, para atender derechos laborales, seguridad social y mejoramiento de las condiciones de vida en el país.


finalmente el libro llega hasta la actualidad
Los autores dicen que el 24 de enero de 2008 “más de 350.000 ciudadanos” se volcaron a la avenida Nueve de Octubre, en “la más grande concentración en la historia del Ecuador”, que “unió a todos los guayaquileños en defensa de su ciudad”. Ante esa muchedumbre dio su discurso el alcalde Nebot. La marcha “fue la primera manifestación de protesta al gobierno de Correa y marcó el principio de la lucha para defender la autonomía, las rentas para municipios, universidades y todas las acciones que impiden el desarrollo de la ciudad y del país. Guayaquil se puso en marcha y nada, ni nadie, la podrá detener” (ps. 137-138).


Hay que ver que desde hace varios años, bajo el manto de una supuesta renovación de conceptos y visiones, se difunden obras y artículos de un puñado de escritores guayaquileños que incursionan en el campo de la historia. Ellos han alterado las interpretaciones sobre la historia ecuatoriana y han rebuscado fundamentos para sostener la idea de que existe un tipo de historia guayaquileña “diferente”, en la que el autonomismo y el deseo de libertad e independencia han sido, en todo tiempo, los ejes de la trayectoria de la ciudad. Desde su visión, no hay, en todo el Ecuador, otra comunidad social más libertaria que la guayaquileña. Y todo aquel que se atreva a contradecir su interpretación historiográfica queda descalificado como un anti-guayaquileño. El libro de Hoyos-Avilés parece coincidir con estas “modernas” renovaciones historiográficas.


Independientemente de mi posición política, cada ser humano tiene derecho a decidir libre y concientemente a quien apoya o a que partido politico sigue, cosa que no es posible si se te enseña desde un texto obviamente partidizado, por que seamos honestos: ¿No es ésta una posición política evidente que se superpone a cualquier análisis histórico?
Cualquiera con una pisca de sentido comun sabe que la respuesta inmediata es "por supuesto que lo es!" pero ademas ¿como en nuestro sano juicio podemos permitir que semejante cosa ocurra?

Si lo ves, DENUNCIALO!

Nadie merece vivir en la mentira, los niños mucho menos que los adultos.

see ya


Scully